Un día después de mañana

    Ciudad Juárez, Chihuahua, el presidente de México en un histórico discurso invita a su homólogo de los Estados Unidos a derribar el muro que no solamente separa a dos naciones hermanas sino que marca un distanciamiento con el resto del continente.

    Esto pudiera suceder en un futuro si realmente hoy se cumplen las promesas del presidente Trump de levantar un muro para evitar, según él, el paso de indocumentados tanto de México como del resto de los países de la región.

    No es difícil que ese escenario se convierta en realidad, hoy el presidente en turno se envuelve en su bandera y despertando el fervor al mejor estilo de Bruce Springsteen con “Born in the USA”, pone como necesidad un muro para marcar una diferencia, aquí estamos los buenos allá están los malos.

    Si tomamos como buena esta idea, mientras en México tenemos al Chapo Guzmán, a los hermanos Arellano Félix, y en su momento el colombiano Pablo Escobar entre tantos finísimos personajes, no salen a la luz las contrapartes del otro lado de la frontera, la industria armamentista estadounidense satisface las necesidades tanto de buenos como de malos. Recordemos los casos Irán-Contras, recientemente la operación Rápido y Furioso, la lista es interminable, las transnacionales que buscan las mejores condiciones fiscales para sus capitales y una mano de obra barata para incrementar sus ganancias.

    Pensemos solo por un momento que si durante toda nuestra historia como naciones fue difícil desprendernos, en especial en lo económico, del cordón umbilical que nos ata al país del norte, ahora tal vez es la oportunidad para realmente emprender nuestro camino.

    No va a ser una tarea fácil, es posible que nuestros gobernantes prefieran el camino fácil de agachar la cabeza y esperar las migajas que puedan caer, defendiendo la doctrina que lo que es bueno para los Estados Unidos es bueno para el resto del mundo, si a Estados Unidos le va bien a nosotros también, como siempre colgándonos de los logros del otro para vernos beneficiados en lugar que ocuparnos de nuestros problemas y crecer hacia adentro.

    Convirtamos este muro en uno de reflexión en lugar de los lamentos. Mientras de este lado lo consideramos una infamia, nos desgarramos las vestiduras inútilmente pensemos aunque sea por solo un instante qué está pasando, recientemente el presidente Peña le pide a Trump no hablar públicamente del tema, ¿van hablar en privado? que pasa del otro lado, muchos norteamericanos no están contentos. Hoy vemos imágenes de eventos en distintas ciudades de la unión americana que antes eran cotidianas en Latinoamérica, esto golpea las conciencias de los dos lados, no todos los norteamericanos son Trump.

    Ahora sí queda al descubierto que el problema no es el muro como tal sino todo los que hay detrás de él en ambos lados de la frontera, realidades que no hemos querido enfrentar y que hoy nos cobra caro nuestra indolencia.

    Al final, esta historia es un deja vu de lo que hace unas décadas Reagan le pedía a Gorbachov con el muro de Berlín, permitiéndole a ese presidente aprovechar este escenario que hoy le dejaran servido, pero para que esto sea una realidad debemos esperar, primero a que construyan el mentado muro, que las demostraciones de repudio y apoyo lastimen aún más a ambos pueblos.

    Carlos Migliavacca

    Carlos Migliavacca

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