Bailando por un sueño

    Un gran salón de baile, en él todas las naciones representadas con sus bailarines, una música de fondo repetitiva y desafina a cargo de la
    orquesta de FMI y el Banco Mundial, en un principio cada nación interpretaba su danza nacional, pero esos pasos se tenían que ir ajustando altema que interpretaba la orquesta.

    A México le tocó de pareja de baile a su vecino del norte. Desde un principio hubo que aprender el ritmo del neoliberalismo y del libre comercio, pasos que no sabía y a punta de varazos en el lomo fue aprendiendo, y ahí va México agarrando el paso inclusive atreviéndose a bailar con otros la misma tonada.

    Todo iba relativamente bien hasta que un día le cambian de pareja, ahora es un bailarín que decide bailar solo, quejándose de haber recibido demasiados
    pisotones haciendo a un lado a quien hasta ahora lo había acompañado.
    Enfundado en sus mallones se pone a bailar solo y como prima donna no le interesa el resto del salón ¡Todos atrás de la línea que estoy trabajando! exclamaba, y al que no le guste que abandone el salón.

    Así es lo que hoy vemos en la relación de los Estados Unidos con el mundo y en especial con México, ayer un país amigo, un aliado estratégico al cual se le reclamó el déficit comercial pero no se considera el daño que ha causado.

    Fueron los mexicanos los que aprendieron inglés pero a ellos no les interesó aprender español; fue la cultura de México la que se vio afectada al permitir la entrada de una forma y estilo de vida distinto, fue este país el que se convirtió en el patio trasero y
    padece hoy los estragos del narcotráfico.

    Para ser justos, no toda la culpa fue del vecino del norte, fue fácil dejarnos seducir, lo que de este lado se hizo mal lo supimos hacer muy bien al punto que tenemos uno de los niveles de corrupción más altos de la región y, algo todavía peor, una violencia en las calles que el simple hecho de ver al ejército patrullar se nos hace normal.

    Difícil de entender que fueron ellos los que impusieron un juego que se llama libre comercio y que hoy que ven que no están ganando lo que hubieran querido deciden ya no jugar. Regrésame el balón y ya no juego, pero…. se nos olvida que las transnacionales, en su mayoría de allá, se vieron favorecidas en esta historia,fueron las que sacaron ventaja de los dos mundos, mano de obra barata y beneficios fiscales de este lado; vender sus productos allá donde la gente cuenta con un mayor poder adquisitivo. Ahora las invitan a regresar con todos los beneficios habidos y por haber, si en el camino dañan a alguien que importa, el dinero no tiene
    patria y los mercenarios no se tientan el corazón.

    La pregunta que nos tenemos que hacer es si realmente vale la pena insistir en esa danza o aprovechar para bailar el ritmo que se ajusta a nuestras necesidades, intercambian nuestros ritmos con algunos tangos, chacareras y sambas con los del sur, Shen Yun con el oriente y entrados en gastos algunas danzas europeas,como decía el coronel Frank Slade en Perfume de
    Mujer ¨si cometes un error, si te haces un lio, sigue bailando”.

    Carlos Migliavacca

    Carlos Migliavacca

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