Quién manda en casa

    Como en toda campaña electoral, la de Trump estaba plagada de promesas, reformas económicas, cuestionar el papel de la OTAN en tiempos actuales, reactivar el cinturón del óxido, no intervenir en conflictos ajenos, devolver a la Unión Americana la grandeza perdida.

    Vemos como la economía más importante del mundo se rige por lo que dictaminan en los sillones de Wall Street y lo militar desde los escritorios del Pentágono.

    Un bombardeo millonario a un aeropuerto vacío de Siria para demostrar que los cohetes todavía explotan y que hay un montón, insistir que Rusia es un enemigo tal vez porque todavía escriben en cirílico y no se entiende qué dice mientras ya dejó el comunismo por la paz y porque no es negocio. Claro, que no nos podemos olvidar del último bastión del eje del mal, Corea del Norte con la supuesta amenaza nuevamente de armas de destrucción masiva que hasta hoy a demostrado que sirven para autodestruirse, no son los misiles sino la hambruna en su población de la cual no se habla.

    Pero, querer recuperar esa gloria pasada ¿reactivando la industria automotriz? Es más rentable la producción de misiles, para qué enfrentar a los terroristas financieros si ellos se encargar de minar y debilitar las economía del resto de las naciones.

    Seamos cándidos solo por un instante y pensemos que en esas promesas hubo un dejo de intención en cumplirse, veremos la triste realidad, cómo el sistema doblega al individuo.

    Los temores cambian, ayer muchos dudaban de los resultados y de si esas promesas se cumplían, hoy son los que votaron por esos cambios los que tristemente ven que esas promesas se quedarán en simples promesas, los señores de la guerra y los terroristas financieros seguirán marcando el destino no solamente de ellos sino del resto del mundo.

    Lo demás es puro show.

    Carlos Migliavacca

    Carlos Migliavacca

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