Trump llegó tarde

    En el tan afamado estilo de vida americano, no hace muchos años era un lujo tener un auto americano. Cuando todavía fumábamos no era fácil conseguir cigarrillos producidos en Estados Unidos y ni hablar que comprar ropa de marca y con la etiqueta made in USA era para un selecto grupo de personas, es más, había muchas personas que realizaban viajes para recorrer los famosos centros comerciales de Miami, Los Ángeles, Dallas o Houston para comprar lo último en tecnología, televisores, computadoras, electrodomésticos. Y aunque no es algo para presumir, existía un contrabando de productos fabricados en ese país.

    El tiempo pasó y, aunque mucha gente aprovecha su viaje a los Estados Unidos para realizar compras, las cosas cambiaron radicalmente, los autos y la tecnología viene de oriente, la ropa de marca americana es made in …. cualquier país del tercer mundo y, claro, ya dejamos de fumar.

    Curiosamente, si vemos las exportaciones de los Estados Unidos, sin contar la industria armamentista y la fabricación de billetes verdes, hoy es de materias primas, en su gran mayoría trigo, maíz, carnes, etc., toda aquella infraestructura industrial se convirtió en el famoso cordón del óxido que la actual administración pretende rescatar.

    Una promesa muy difícil o casi imposible de cumplir después de décadas de abandono, las multinacionales trasladaron sus operaciones a países donde la mano de obra es más barata y los impuestos son benévolos, lo que incrementa sus utilidades; donde las reglamentaciones ambientales son letra muerta, o cualquier problema deja de serlo al gratificar a la persona adecuada.

    Pedirles ahora que regresen, igualándole las condiciones fiscales y abaratar la mano de obra americana para invertir en la infraestructura no se hace de un día a otro; implica apostar a este rescate para que dentro de 4 años las condiciones cambien nuevamente, generar una cantidad de empleos que tal vez no son los que el norteamericano de hoy quiere, teniendo en cuenta que esos productos deberán competir en precio y calidad con lo que en el resto del mundo se produce.

    Por otro lado tenemos el tema de los migrantes que al ser deportados dejan puestos de trabajo que dentro de esta lógica deberían ser ocupados por los locales, pero cuál va a ser su reacción al ver el día de mañana anuncios ¨Se busca mano de obra barata¨

    Está más que visto en estas décadas de gobiernos republicanos como demócratas que quienes marcan el rumbo de la economía no están en Washington. Las multinacionales, los grupos de inversión, los bancos son quienes deciden sobre el futuro de cientos de millones de personas sin importar credo, color o nacionalidad.

    No creo que la actual administración los enfrente, el plan que este grupo tiene no cambiará y esa promesa quedará en promesa, lo oxidado no conviene tocarlo porque termina desbaratándose, el daño ya está hecho.

    Carlos Migliavacca

    Carlos Migliavacca

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