¿POPULAR O POPULISTA?

    El ser popular es alguien que se identifica con el pueblo porque no pensar que el abrazar sus causas e intereses lo convierte en populista, suena bien pero lo que vemos en la práctica es que quienes logran hacerse de esa imagen terminan defraudando a quienes pusieron sus esperanzas en ellos.
    Gracias a los que se encargaron a desprestigiar este concepto hoy estas palabras se convierten en tabú, pero como vemos todo en blanco y negro la alternativa es irnos al otro extremo, el libre mercado, que no es tan libre, donde el papel del estado es limitado dando a unos pocos la posibilidad de control sobre muchos.
    Los recursos naturales quedan en mano de particulares, la construcción y operación de las carreteras, aerolíneas, ferrocarriles y vías marítimas y fluviales también, los combustibles, energía eléctrica son concesionados, se privatizan los servicios básicos inclusive el agua.
    La educación, la salud inclusive la seguridad también quedan fuera del ámbito gubernamental, los ciudadanos debemos además de pagar impuestos contratar seguro de gastos médicos, pagar escuelas particulares y en algunos casos, solo para los privilegiados, contratar seguridad privada.
    El futuro de todos también está comprometido ya que los fondos de retiro ya están, en muchos casos, en manos de especuladores financieros sin que nos garanticen que el día de mañana lo que recibiremos por una vida de trabajo alcance para tener una vida digna.
    El papel de un estado no popular se limita en hacernos cumplir las leyes que protegen a los beneficiados de estas concesiones, como parte de un consejo de administración donde los intereses de la corporación son más importante que los beneficios de la sociedad.
    Cuando alguien surge y propone un cambio el sistema se encarga de satanizarlos, de traer a la memoria los actos de aquellos que defraudaron con promesas falsas, que cuando tuvieron la oportunidad de modificar el rumbo se desvían del camino o terminan seducidos por el poder.
    A lo largo de la historia reciente hubo excepciones, un Arturo Illia en la década de los 60, más recientemente un Oscar Arias o un Pepe Mujica por citar alguno de los pocos mandatarios que hoy son recordados por no dejar que el poder los corrompiera.

    A person in a black hoodie with obscured face holds up a pink smoke grenade
    Photo by Warren Wong / Unsplash

    Pero si hoy se sataniza de populista al político que por su carisma atrae a las masas y lograr así sus objetivos, para las corporaciones no todo lo popular o populista es malo, los deportes populares futbol, básquet, boxeo se convirtieron en buenos negocios, sus estrellas ya son populistas ya que más allá de sus logros como deportistas se han convertido en productos de la mercadotecnia.
    El Papa en turno puede ser un personaje populista, ya que si logra atraer con sus cualidades la atención de sus feligreses, la corporación vaticana se verá beneficiada con más fieles que pagar por ir a verlo, mas recuerdos vendidos y porque no hasta el perdón de algunos pecados.
    No se trata de censurar o criticar aquellos que lograron alcanzar un éxito aprovechando su talento y la oportunidad que se les presento, más bien una autocrítica ya que somos nosotros los que permitimos que todo esto pase, porque polarizamos todo moviéndonos entre ángeles y demonios sin considerar que puede haber otras opciones, otras alternativas o mejor aún a construir una nueva, porque ya nos hemos acostumbrado a vivir a la sombra de las corporaciones, a que no somos capaces de cambiar nosotros para cambiar los que se debe de cambiar y estar condenados a nuestra realidad.

    Carlos Migliavacca

    Carlos Migliavacca

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