No aprendimos la lección

    Hacia finales de la segunda guerra mundial los aliados encabezados por Estados Unidos son testigos de una realidad que sabían y que se presentaba antes sus ojos, los campos de exterminio de la Alemania Nazi.
    En aquel entonces el comandante supremo de la fuerzas de ocupación, el general Eisenhower ordena que la población cercana a los campos vieran los horrores que ahí se cometían y de los cuales ignoraban o aparentaban ignorar por miedo al régimen o por ser parte del el.

    Al finalizar el conflicto muchas naciones recibieron grandes contingentes de migrantes, quienes al haber perdido todo iniciaban una nueva vida en una tierra que les brindaba la oportunidad de forjar un futuro a través de su trabajo.
    El tiempo paso, los conflictos no, hoy somos testigos como millones de desplazados de nuevas guerras son recluidos en centros de refugiados a espera de que políticos, en sus cómodas oficinas, determinen su futuro en base a sus mezquinos intereses.
    De este lado del charco las cosas no son mucho mejor, la mayoría de los países no pueden ofrecer como en aquella época asilo a una parte de estos refugiados debido a que el futuro de sus propios habitantes los es a tal punto que muchos de ellos tratan de llegar al gigante del norte en busca del famoso sueño americano que más que un sueño se convierte en una pesadilla.

    The back view of a man wearing a baseball cap, jean jacket and a backpack looking out
    Photo by Matese Fields / Unsplash

    Como participantes de un mal reallity show los pobres migrantes deben cruzar el territorio mexicano enfrentando peligros que se presentan hasta llegar a la frontera norte, pagar un coyote para cruzar, si la migra lo permite llegar algún lugar y buscar el trabajo que los norteamericanos no quieren realizar.
    Pero si es aprendido por la migra, la Border Patrol, a partir de ahí se pierde la calidad de ser humano al ser recluidos y tratados como delincuentes llegando a ser encarcelados en instalaciones militares.

    Este drama se origina gracias al olvido de esas naciones que hoy reciben esos flujos de migrantes, de su indiferencia en los conflictos que de alguna forma fueron responsables ya sea por acción, por omisión o peor aún por complicidad con regímenes totalitarios, corruptos, empujando a esas pobres naciones a entrar en el juego del libre comercio, a la globalización, aniquilando sus economías suministrando armas, orillando a su gente a buscar una oportunidad de vida en otro lado.

    El mal ya nos pegó y nos rehusamos a reconocerlo, en lugar de atacar las causas del mal se criminaliza a las victimas bajo el argumento de seguridad nacional, si los sobrevivientes de los campos de exterminio perdieron la posibilidad de soñar con un futuro, los desplazados, los refugiados, los migrantes de hoy tampoco.
    Este es nuestro mundo.

    Carlos Migliavacca

    Carlos Migliavacca

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