SUMERGIDOS EN LA IGNORANCIA

    En la segunda década del tercer milenio hemos llegado con una tecnología que nuestras padres o abuelos no hubieran imaginado; en cuanto al transporte, podemos viajar de un continente a otro en horas, las comunicaciones son en forma instantánea y al alcance de toda la población; un mundo globalizado donde a nuestro alrededor contamos con productos elaborados en distintos países, las libertades de expresión, de culto, de manifestarnos están presentes en nuestra vida cotidiana, espacios abiertos para expresarnos a través de las redes sociales, se escuchan a las minorías inclusive se habla de los derechos de los animales.Y en este momento de la humanidad un ser microscópico despierta uno de los sentimientos mas primitivos, el miedo; en un principio miedo a que este ser minúsculo afectara nuestra salud, ahora a los daños que causa a las economías ya no de un país o región sino al contexto global.
    Se llegó al extremo de que algunos, y no pocos, estén planteando qué es más importante, si la salud de la sociedad o la economía en momentos donde todavía no hay una vacuna y mucho menos un tratamiento efectivo ante la enfermedad.
    Se le pidió a la sociedad, ante la falta de una cura, el confinamiento, algunos lo cumplieron otros no. Las fake news, como se les llama a las noticias falsas, surgen por doquier, claro está, con sus respectivos seguidores, los reclamos para el levantamiento del confinamiento y de las medidas sanitarias ya son noticias cotidianas, las críticas ante la falta de programas de apoyo por parte de las autoridades atizan los descontentos sociales.
    Teorías conspirativas, acusaciones de unos a otros, protagonismos estériles de las clases políticas para justificar lo que en su momento no hicieron o, mejor dicho, hicieron mal y ahora quieren su canonización en vida o contar con una reelección o futuro cargo público.
    Las realidades se descubrieron ante nuestros ojos y no queremos aceptar nuestra responsabilidad y mucho menos el papel que debemos asumir a partir de ahora, esperamos que la vida regrese a como estaba antes, sabemos que se presentan cambios importantes en muchos aspectos, pero ante el desconocimiento nos resistimos a ellos.
    Si el miedo es uno de nuestros primitivos sentimientos, la ignorancia es su alimento; con todos los recursos a nuestro alcance, estar sumergidos en esta ignorancia colectiva no es aceptable; dejarnos llevar por falsas y tendenciosas opiniones sin buscar la veracidad antes de repetir esa información nos vuelve cómplices o peor aún nos pone a su mismo nivel.

    Carlos Migliavacca

    Carlos Migliavacca

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