VULNERABLES

    Una mañana despertamos y nos damos cuenta que no contamos con servicio eléctrico; tomamos nuestro teléfono celular y no enciende, nos asomamos a la calle y vemos que la falta de servicio es general, no vemos circular automóviles y a todos nuestros vecinos sin entender todo lo que sucede.
    Pasan las horas, no contamos con suministro de agua porque depende del bombeo que no funciona, los autos no encienden y lo que más desconcierta es el estar aislado sin posibilidades de saber que está pasando.
    Un escenario como este es muy posible. Mientras dormíamos, una tormenta solar afectó a la red eléctrica a nivel global, a los satélites y a todos los artefactos electrónicos que nos rodean, este fenómeno no es nuevo, ya en el pasado se presentó, en aquellos entonces la humanidad no dependía de la electricidad, la tecnología era mecánica y los carros eran empujados por caballos.
    ¿Se pudo haber prevenido una catástrofe de este tipo?, la respuesta es sí, lamentablemente los gobiernos recortaron los presupuestos de los organismos encargados del estudio y monitoreo del espacio, las advertencias que algunos hicieron fueron desoídas por las autoridades.
    Ante un escenario tan desolador, digno de una novela de Stephen King, estamos condenados al peor escenario. Algunos dirán que retrocedimos a la época de las cavernas, muy equivocados ya que esta sociedad, a diferencia de aquel ser primitivo, dañó su medio ambiente, no hay animales que cazar ni tierra qué cultivar ya que está cubierta por asfalto y cemento: peor aún, el humano de hoy perdió sus habilidades de sobrevivencia, claro que hay excepciones pero estas no corresponden al habitante de las ciudades.
    Mas allá de este apocalíptico relato no lejos de la realidad que hoy, a consecuencia del Covid-19, estamos viviendo advertencias no escuchadas, falta de inversión en los sistemas de salubridad, de investigación, de prevención de posibles casos críticos y muchos etcéteras más.
    Hoy la noticia es el virus y las consecuencias económicas, pero se nos olvidan los conflictos armados de Yemen, de Siria, los refugiados de Darfur, los desplazados en Europa, la deforestación en el Amazonas y en otras zonas del planeta. El que no sean noticia no quiere decir que no estén, llevamos años sin darle solución, eso sí, nos preocupa el turismo y su derrama económica, si las líneas aéreas quiebran o serán rescatadas por los gobiernos.
    Se pide a gritos que se reactive la economía, que se levanten las restricciones de la cuarentena sin que exista un tratamiento o vacuna contra este mal, los intereses de los laboratorios por la venta de suministros y medicinas están por arriba de las posibilidades de la población afectada. Estas, entre tantas, son las consecuencias de haber vivido en una sociedad donde se fomentó el consumo en lugar del ahorro, donde se promueve vivir bien el hoy sin pensar en el mañana, donde la solidaridad se ve cuando nos ven, donde muchos de nosotros estamos en los zapatos del necesitado de ayer.
    Hoy un organismo microscópico nos muestra lo vulnerable que somos. Hemos andado un camino equivocado durante largo tiempo. Lo complicado lo tenemos en frente: Desaprender lo aprendido para volver a un principio donde empecemos a trabajar en un mejor futuro. Lamentablemente somos demasiado mezquinos para asumir este reto. Los intereses de unos llegaron para quedarse y perversamente nos hemos dejado seducir por una forma de vida que hoy nos tiene atrapados y condenados a la incertidumbre.

    Carlos Migliavacca

    Carlos Migliavacca

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    Planeta Tierra, Vía Láctea. http://6con50.com